Prólogo.
A veces, mientras paseo por los bosques de mi inconsciencia en un camino suave algodonado, mis pies descalzos abrazan el suelo lentamente y éste nos pasea a su merced, me deleito con el tenue sabor a miel que emana de cada poro, la empatía me mira tímida desde un rincón entre los árboles, donde la luz ya no puede tocar más sus hojas, y me invita a bailar, recuerdo los primeros sueños con mi necedad a bailar con la ingrata cuyo humano olvido la ha llevado a vivir sola en la oscuridad, pero ahora, sólo espero poder llegar a ella y dejar que me arrastre a mi lado más vivo, más sensible, más humano. Y bailamos, nos dejamos llevar por la sensación de que, no importa que tan retorcido esté todo bajo nuestros pies, eventualmente, aunque ya no estemos, todo mejorará, y amigo ¡es la mejor sensación de todas!. Un fiel cachorro me acompaña a mi viaje, es de una raza muy noble, pelo suave gris con blanco y una sonrisa peculiar. Algunas veces nos sentamos a tocar el sol, un joven koala se sienta a mi lado de vez en cuando, mira la puesta en silencio y espera la oscuridad con lágrimas en los ojos, cuando la primera estrella saluda, él se despide con un asentimiento de cabeza y se marcha. En un aparente suelo de color azul infinito se regocijan seres que hemos enviado allá a costa de nuestras ambiciones, todo es tan azul, tan verde, tan inhumano, que cada vez que me echan de vuelta a la realidad mis labios tienden a probar el saldo sabor de mis lágrimas, y lloro, mucho y muy fuerte. Cuando regreso quisiera poder disculparme, pero no me dejan, huyen traumados cuando me acerco y blasfeman a mi especie. Antes no podía ver, por que antes le negaba la mano a la miserable empatía, que inocente sólo quería bailar. La conciencia es solo un viejo sabio que me ha hecho entender que, enfurecido el mundo tomará un respiro antes de acabar con nosotros, y nos tragara por olas, como mi sueño, siempre pudo hacerlo, dice, desde el primer momento en que comenzaron a causar problemas, pero la esperanza no solo vive en ustedes pequeña, lamentablemente honrando a su dicho, morirán ustedes antes que ella.
Tengo un sueño recurrente, de mi, en un mundo perfecto.
Oraleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
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